Bastón presidencial

febrero 21, 2013 at 11:48 pm (De la nada...)

El tipo se levantó con una cara de felicidad, digna de un día tan importante. 10 de diciembre de 2023, no se la olvida más esa fecha.

Bajó al comedor, y desayunó bien fuerte: lo esperaba un día largo. Le pidió a la mujer la camisa, el traje y la corbata planchada, y se la puso cuidadosamente, tratando de que no se arrugue ni lo más mínimo.

Después se preparó mentalmente. Desde chico soñaba ese día. Ir por la 9 de Julio, a contramano, en un Audi último modelo, gratarola, con chofer…  el poder le sentaba de maravilla.

Lo escoltaron hasta la Casa Rosada varios autos de policía. Recibió el bastón y se sacó fotos de todas las maneras posibles. Siempre pensó que el bastón era como una especie de premio, de trofeo.

Primero se sacó como cualquier presidente, común y corriente. Después, como un jorobado, después lo mordió a lo Rafa Nadal, después pegándole al guardia, después, después y después.

‘’Nos, los representantes del pueblo de la Nación Argentina, reunidos en Congreso General Constituyente por voluntad y elección de las provincias que la componen, en cumplimiento de pactos preexistentes, con el objeto de constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino; invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia: ordenamos, decretamos y establecemos esta Constitución para la Nación Argentina.’’

Ese fue todo su discurso. Nunca, ni en su primer acto de la primaria, ni cuando cumplió años (ninguna de sus 45 veces), en fin, NUNCA, lo habían aplaudido tanto.

Llegó a la Quinta de Olivos, otro de los motivos por los que quería ser presidente, se sentó en un comodísimo sillón y empezó a pensar.

Sí, aunque usted no lo crea, un presidente pensó. Pensó que no tenía la más puta idea de lo que hacer al día siguiente. Agarró el bastón, su trofeo que tanto había anhelado desde chico, lo miró fijo, y se lo partió en la cabeza.

Se dio cuenta de dos cosas: en primer lugar, que fue mucho mejor presidente que muchos otros. Y en segundo, pero no menor, que había roto el premio, que él era el último presidente.

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